
Para niños pequeños, la experiencia debe sentirse visual, simple y acompañada. No se trata de competencia intensa, sino de estaciones coloridas, turnos cortos y supervisión constante.
Funcionan muy bien juegos de movimiento, carreras de velocidad controlada, bloques tipo LEGO y experiencias donde el adulto pueda acompañar de cerca. La logística debe cuidar cables, zonas de paso y tiempos de espera.
El resultado ideal es que los niños se sientan grandes e independientes, pero siempre dentro de un entorno guiado por monitores y pensado para su edad.